Nunca como ahora, a solo cuatro meses de iniciarse el año electoral 2006, durante el cual elegiremos a nuestros representantes a los diferentes poderes del estado tanto a nivel nacional como regional, sin olvidar a aquellos que escogeremos, por primera vez vía el voto universal, directo y secreto, para el Parlamento Andino, los peruanos compartimos la sensación de estar ad portas de dar un salto al vacío, prisioneros de un desmotivador contexto plagado de incertidumbre.
Razones no les faltan, pues a la angustia que provoca la crisis económica en un gran porcentaje de los hogares peruanos, a la inseguridad que campea por cada rincón de nuestro país, a la desazón que generan los bajísimos niveles de civismo, se une la ausencia hasta el momento, no digamos solo de un liderazgo individual, sino también, de una refrescante alternativa a lo que hasta el momento los peruanos en las últimas décadas hemos conocido.
Luego de haber experimentado no hace más de dos décadas el colapso final del modelo intervencionista, tuvimos que asumir luego, en un contexto de violencia y de crisis, la ejecución del ajuste económico y financiero durante el régimen fujimorista, para finalmente ir a dar, en estos primeros años del aun novísimo milenio, a los dominios de la administración de la cosa pública al estilo toledista, que pasará a la posteridad sin duda como la que buscó mantener básicamente la casa en orden.
El Perú se encuentra así -aunque nos repitan sin cesar con una economía saneada y dinámica, lista a hacerse sentir por todos los peruanos, parece ser más tarde que temprano, en un momento decisivo de su historia: ya que más allá de los obstáculos que constituyen nuestras faltas y errores, tenemos la posibilidad, de escoger nuestro propio destino, el tan ansiado derrotero nacional.
Se hace necesario en esta forma, tomando conciencia del inmenso potencial de nuestra sociedad -mostrado positivamente por millones de peruanos que trabajan, emprenden y buscan progresar- que dejemos, las distorsiones que crean las alternativas hasta hoy ensayadas: pues éstas, fundadas en la poca confianza depositada en la gran mayoría de peruanos, le niegan al país la posibilidad de construir un futuro, si bien es cierto apegado a la eficiencia, solidario y justo en esencia.
Promovamos pues el debate serio y alturado en torno a lo que a todos sin excepción alguna nos concierne, yendo a lo esencial. Solo así podremos, separando la mala hierba del buen grano, escoger a aquel o aquella, a aquellos, que asumirán la gran responsabilidad que consiste en servir en los diferentes niveles a la comunidad peruana, restándole de esa manera la posibilidad al oportunismo y al infantilismo radical que acechan sin cesar a nuestra frágil democracia, mostrándole al mundo que esta vez no saltaremos, como ayer, al vacío.